domingo, 6 de octubre de 2013

ENTREVISTA A MARTÍN PALERMO / PREVIA BOCA - RIVER

“Nada se compara a un Boca-River”



El Optimista del gol, como lo bautizó Carlos Bianchi, aquel de goles destacados: de una victoria en el Monumental, de media vuelta en La Bombonera jugando con un hombre menos, de la vuelta de una lesión en eliminatoria de Copa Libertadores, de cabezazos al ángulo, de media distancia, empatando en el último minuto de penal en La Boca, empatando sobre el final como visitante, colgado de un travesaño en Mar del Plata, haciendo tres en Mendoza, marcando en cancha de Boca sabiendo que era su último Superclásico. Ese es Martín Palermo, ese que le hizo goles a River de todas las maneras y circunstancias. El hombre que el hincha de Boca siempre recordará, entre tantos títulos y goles, especialmente por los gritos emotivos en los Superclásicos. El guerrero que no se cansaba de luchar para hacerle más y más goles al eterno rival. El goleador con pergaminos de sobra para contar de qué se trata jugar un Boca-River.


Entrevista publicada en ESPN MAGAZINE (Agosto 2013)
¿Qué pensabas cuando eras jugador de Estudiantes y veías un Superclásico desde afuera?
Sabía que era el clásico más importante de Argentina, más allá de que yo había jugado Estudiantes-Gimnasia no tenía la misma magnitud que genera un superclásico. Al principio era difícil imaginar que algún día lo podía jugar, era verlo como cualquier jugador o hincha de fútbol que intenta imaginarse lo que se debe sentir estar dentro de la cancha en un Boca-River. Y tuve la suerte que después lo viví muy intensamente.

Foto: Aalejandro Lipszyc
¿Te imaginaste qué algún día podías ser tan protagonista en un Superclásico?
No (risas)… No te voy a mentir. La verdad que no. Ya en mi primer Boca-River, que fue el último partido de Diego (Maradona no jugó más luego de ese encuentro del Apertura 1997) en el Monumental, ganamos 2-1 y me tocó hacer el gol de la victoria. Todo lo que se vivió ese día fue muy fuerte y terminó de acercarme al simpatizante de Boca en mis inicios. Me ayudó a meterme en la piel del hincha, que a veces no es fácil que te acepte.

¿Cómo fue la previa a tu primer Boca- River?
En la semana el hincha transmitía continuamente la importancia del partido. A la salida del entrenamiento, en la calle o en cualquier lado, lo único que me pedía era ganar el Superclásico. Y después, en el día del partido, era más tensión que otra cosa: mucha ansiedad por estar por primera vez en el partido más importante del país. Toda la trascendencia que tuvo ese partido, en el que hice el gol, me hizo darme cuenta lo que es un Boca-River: las tapas de los diarios, las cargadas y todo lo que se habla una semana entera o más.

Le hiciste goles en todos los torneos y de todas las formas a River, ¿qué significado especial tenía el gol en un Superclásico?
Sabía la trascendencia que tenía. Como goleador uno quería hacer goles todos los partidos, pero hacerlo en un Superclásico era muy espacial. Es el día de hoy que me cruzo por la calle con hinchas que me recuerdan tal gol en tal clásico. Cada gol tuvo un significado especial, siempre era de una importancia distinta cómo el de la vuelta de mi lesión. El gol a River en la Libertadores del 2000 es el que el hincha siempre tiene presente, me dicen “¡cuándo volviste con las muletas!”. Hubo muchos goles a River, pero ese tuvo un título aparte.

¿Qué pasó antes de ese partido? ¿Bianchi te dijo que ibas a jugar unos minutos?
Era un clásico especial porque era el paso a semifinales, veníamos de perder 1-2 en la cancha de River, y yo con el tema de la lesión encima (se había roto los ligamentos cruzados de la rodilla derecha el 13 de noviembre de 1999). No me imaginaba que podía llegar a entrar. Pero después de la derrota en el Monumental, me generó mucha expectativa que Carlos me diera la posibilidad de poder estar en el banco por lo menos. Cuando él me dijo que podía llegar a entrar, le pedí jugar. Bianchi evaluó todo y no estaba para jugar desde el primer minuto, pero lo habíamos consensuado junto con el médico y me dijo: “Ante la necesidad, vas a entrar y voy a contar con vos”. Cuando me mandó a hacer la entrada en calor en el segundo tiempo, cambió el clima del estadio. Se generó una energía indescriptible. El hincha transmitió algo, que quieras o no, los que estábamos dentro de la cancha lo sentimos.

Entre tantos Superclásicos que jugaste, ¿cuándo sentiste que la cancha se vino abajo?
Sin duda, el que hablamos de la Libertadores. Como ese no hay. Todos dicen que ese partido La Bombonera se movía. ¡Y fue así!

Con ese gol en el primer puesto, ¿cómo completas el podio de tus goles contra River?
El último que jugué en La Bombonera (Clausura 2011) porque sabía que no iba a volver a vivir jugar el superclásico y marcar un gol, y poder hacerlo y terminar de esa manera fue de los más importantes. Después otro en La Boca de media vuelta que sirvió para ganar 2-1 (Clausura 1999, Boca jugando con un hombre menos por expulsión de Jorge Bermúdez).

Goles siempre rodeados de circunstancias emotivas o adversas…
Los goles a River siempre son importantes. Recuerdo otro de cabeza tras un centro del Chelo delgado en el Monumental (Apertura 2000, fue 1-1). Los tres goles en Mendoza que le hice a Burgos. Los últimos de pretemporada que hice uno en Mar del Plata y otro en Mendoza.

Un Boca-River no se asemeja a nada. No hay nada igual. Ni un Real Madrid-Barcelona, ni un Milán-Inter, ni un Betis-Sevilla que me tocó vivir cuando estuve allí y es de los más fuertes de España. No hay nada en trascendencia, popularidad y sentimiento que se compare con todo lo que genera un superclásico como espectáculo en sí. Mucho más jugado en La Bombonera. Lo sentía más jugando en La Boca y disfrutaba ver sufrir al rival cuando marcaba un gol.

Para el hincha de Boca, Palermo significa gol. El gol es la máxima expresión del fútbol. Y para un boquense Palermo es la máxima expresión del gol. “Boca es parte de mi vida, me siento hincha y es difícil de separar ese sentimiento. Me marcó en mi carrera”, remata como disparo al ángulo el máximo goleador xeneize de la historia. Además de ganar torneos locales, Copas Libertadores y la Intercontinental; sus gritos en Superclásicos realzaron otra característica del artillero: ir siempre por más y marcar en situaciones inéditas.

 ¿Cuándo te diste cuenta que estabas haciendo historia en Boca?
Cuando el periodismo empezó a hablar del tema de los records. Ahí empecé a tomar conciencia de lo que hicieron Pancho Varallo y Roberto Cherro. Hasta entonces no me había dado cuenta de lo que generaba ser el máximo goleador de la historia de Boca.

Foto: Alejandro Lipszyc
¿Cuál fue tu mejor socio en Boca?
Por entendimiento fue Guillermo (Barros Schelotto). Conocíamos hasta cómo nos parábamos dentro de la cancha, a veces no hacía falta ni hablar: solo hacer un movimiento sabiendo lo que podía pensar él para que me dé un pase-gol. Lo mío era la obsesión por el gol, lo que me quedaba o pasaba cerca mío lo tenía que mandar a la red y Guille era más pícaro en todos los aspectos del juego. Armamos una sociedad bárbara en función del equipo.



¿El Superclásico que más sufriste?
Los que hemos perdido, como el que renunció Brindisi en El Monumental;  también cuando estaba Borghi, que se fue después de una derrota ante River. Porque eran Superclásicos muy condicionados que sabíamos que se podía ir el entrenador. Se sufría dentro de la cancha al saber que si perdíamos, el técnico se iba.

¿Y el que más disfrutaste?
El primer Superclásico que hago el gol con el que ganamos en cancha de River (2-1 Apertura 1997) y lo festejo mirando a la tribuna de Boca, me sacó la camiseta, me tiro a los carteles… eran épocas que al visitante se le daba toda una bandeja. Imagínate: el primer Superclásico que jugué, hacer el gol de visitante y ver a toda la hinchada de Boca de frente fue maravilloso.

¿Qué significa River para vos?
Siendo jugador de Boca, siempre supe que era el rival a vencer. Por la relevancia y por lo que te pedía el hincha. Era una idea fija de jugar contra River y ganar.

¿Cómo fue la relación con el hincha de River?
Al principio fue de odio, bronca e insultos. Pero a medida que fueron pasando los años fue disminuyendo y más allá de hacer muchos goles de todo tipo, yo nunca de fui de hablar mal ni de faltarle el respeto al hincha rival. Pero obvio que gozaba los goles a River con un plus.

¿Qué pasó con el arco de Boca que te regalaron en tu último partido?
(Sonríe). Por la dimensión que tiene un arco no era fácil de trasladar, pero era la historia misma de Boca por todos los que hicieron goles ahí, más siendo el que da a La Doce. Puedo decir que tengo una parte grande de la historia de Boca en mi poder y lo gracioso fue pensar: “¿qué hago con esto ahora, donde lo meto?” (Comenta entre risas). Bueno, lo tengo en un predio en La Plata. En un complejo con tres canchas de fútbol y otras de tenis. Lo puse ahí exhibido para que quien vaya lo vea con la red y la chapita de homenaje, un lugar donde se puede sacar una foto con ese arco histórico.

¿Qué es hacerle un gol a River con la camiseta de Boca?

Es todo: el placer de saber que estás haciendo feliz a toda la gente de Boca. Son millones y no queda uno afuera. No hay nada que se compare, no existe felicidad más grande que hacer ese gol y uno ser el protagonista.


Martín Palermo en una extensa charla superclásica

@JonyFabbian // jonatanfabbian@mundialdefondo.com



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